Incisión abdominal o lateral para llegar a la matriz y extraer los
fetos. Suele realizarse cuando existe peligro para la vida de la perra o
los cachorros. Está justificada en los siguientes casos:
Problemas de la madre
Pelvis pequeña o colapsada
No
dilatación o dilatación escasa
Inercia uterina
Problemas de los cachorros
Fetos demasiado grandes
Fetos mal posicionados que imposibilitan su paso por la
vagina
Dos
fetos localizados al mismo tiempo en el útero sin que ninguno logre
traspasarle
En algunas ocasiones el propietario de la perra
o el veterinario optan por la cesárea sin que ninguna de
estas circunstancias que hemos enumerado se den, por el mero
hecho de facilitar o agilizar el proceso del parto. En estas
circunstancias hay que considerar el riesgo que la anestesia
representa siempre. Es preferible pasar unas cuantas horas
sin dormir a comprometer la vida de nuestra perra en una
operación que no necesita.
Si la
cesárea se practica con demasiada anticipación, los
cachorros son prematuros y habitualmente mueren pocas horas
después de nacer debido a una insuficiencia respiratoria. Si
se efectúa demasiado tarde, el sufrimiento fetal debido a la
espera de los cachorros dentro del conducto pélvico lleva a
una anoxia cerebral. La viabilidad del feto en la especie
canina está condicionada por la producción tardía de un
surfactante pulmonar que determina al nacer las capacidades
respiratorias de los cachorros. Esta maduración pulmonar es
precisamente simultánea con la caída del nivel de
progesterona que se produce en los días anteriores a la
fecha ideal para el parto. El veterinario dispone así,
mediante una simple determinación de progesterona en la
sangre materna, de una herramienta preciosa para determinar
con exactitud si los cachorros están en condiciones de
sobrevivir a una cesárea.